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Seré abstemio al dolor

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Una vez soñé que estaba perdida en un mar de gente, y decidí hacerme hueco entre la multitud.
Caminé desnuda libremente, poniendo fin a esta esclavitud.
Mis manos nostálgicas pedían volver a verte, y dibujar en tu piel esta canción. Pero se quedaron vacías e inertes, al oír esas palabras salir de tu interior. 
Palabras grabadas en la mente, de un poeta bohemio y sin calor.
Deseaba abrazar unos senos ardientes, una noche de diciembre en Nueva York.
En ese mismo momento un artista se tatuó en la frente: "seré abstemio al dolor"...Aquella noche dos pechos calientes, le rompieron el lienzo de su corazón. 
Durante un tiempo fui una chica ingenua y decepcionada. Negativa pensaba que era una persona fracasada. Atea y sin corona, le lloraba a la luna versos como una loba. 
Me encerré en mí misma deseando no volver a verte.
Comprendí entonces que odiar era de cobardes, no de valientes.
Aprendí entonces a amar a base de golpes, y baños de  agua caliente.




Las rosas también sienten, el duro frío d…

Pablo Otero

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Pablo Otero es un chico de 19 años. Desde pequeño siente una sensible atracción hacia la música. Su grupo favorito es El Barrio. Formó parte de un grupo local llamado W5.
Le analicé de arriba abajo. No era mi tipo. Demasiado bajo, no tiene barba, cuida mucho su imagen..  ¿Qué sabía realmente de él? Nada. 
Hay muchas personas que no sabrían describir qué es el amor. Me considero una de ellas.  En mi adolescencia, que en unos meses finalizará, estuve jugando con los arrebatos que impulsaba mi corazón. Adoraba el continuo cambio de amantes pasajeros. Aprendía de ellos, escribía su historia en mi memoria y marchaban. No tenía amor para ellos, tampoco les di más que algunos besos. Besos depravados pero sin corazón.  Miento porque, tan solo una vez besé con el corazón. Y hasta el momento pensé que no volvería a hacerlo. Trazé un círculo a mi alrededor y decidí no pasar de él.
Una noche salí con el tal Pablo Otero. Nos encontramos en un parque cerca de mi casa, pues no disponía de mucho tiem…

Destinados a elegir

Ha pasado tanto tiempo que no reconocía aquella sensación.
Esa ansiedad disfrazada de estrés.  Ese miedo que se mete en mis entrañas y juega con el corazón.  Riéndose. -¿Pensaste que sería fácil? - Puedo superarlo. -¿Y qué harás con..? -Mi fría montaña. Siento la brisa del mar señalando el destino entre las olas. Gaviotas volando en aquella dirección. Oleaje marcando un viaje, tan apasionante y quizás tan desagradable como el de Ulises.  Ahora le entiendo, tras leer la Odisea pensé que era un idiota.  -¿Qué sientes Isa? -Es miedo.  -El amor te hace débil. Es tu nueva guerra. Años atrás peleaste con esa oscura sombra, después venciste aquel gigante y ahora, miro tu rostro y encuentro la personificación del pánico.  - No encuentro alternativas. ¿Puede el amor ser una guerra? Cómo podría él derramar sangre en mi cuerpo. Verter el vino con sabor a gloria, cuyos borrachos reyes no pisaban la arena ensangrentada. Vino amargo con sabor a muerte. Sin embargo él no sabe a putrefacción.  Sabe t…

Sueños negros: Encuentra una salida.

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Empieza el juego. Estoy en casa de mi abuela, una vivienda de tres plantas, jardín y una decoración de palacio bastante fría. Hay niños en el patio corriendo de un lado a otro, y yo estoy apoyada en el dintel de la puerta que da a la cocina. Miro feliz a los niños y cuando estoy a punto de marcharme, una sombra tapa el cálido sol  transformando el ambiente en frío y oscuro. Subo la cabeza lentamente, observando el cuerpo voluminoso que ha borrado el dulce calor. Con una mirada aún más fría, clavo mis oscuros ojos en sus ojos claros. Chocan miradas de odio. Como si dos nubes negras lanzasen un rayo, él lanzó una orden: “te vienes conmigo”.
-Ni hablar- le contesté, sin apartar la mirada, con una voz firme y grave. Una voz cargada de ira.  ¿Quién era? Fue mi abuelo. Ahora sólo una sombra. Huí por la puerta de atrás que daba de la cocina al comedor y rápidamente subí las escaleras hasta el segundo piso. Una vez arriba  la oscuridad invadió cada habitación, excepto una tenue luz que daba p…

Cuando arde el dolor

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Si pruebo bocado me entra fatiga, de los nervios que tengo desde tu pérdida. Yo, que siempre he admirado mi fortaleza, estoy profundamente hundida bajo tu mar.
Cada intento de subir me entierra más. Siento como la presión me ahoga y el dolor paraliza mi cuerpo.  No quiero otros besos que no sean los tuyos, porque como tú nadie ha sabido mirarme.  He pasado años hundida bajo la oscuridad del océano. Me he prometido a mí misma que no volveré a entrar. Y tengo tanto miedo.  Porque tú me has enseñado a volar y ahora me quemo como Hícaro. Llevo días caminando sin rumbo por la playa, pensando en aquellos momentos que en tan poco tiempo me has regalado. Buscando tu silueta en el horizonte e imaginando que salgo corriendo a abrazarte. Mas sólo encuentro viento, un desierto de arena borrando tu nombre.  No recordaba como dolían estas clases de heridas. Siento si se desgarrase mi alma y mi mente drogada entrase en un vacío tras la muerte de mi alegría.  Perdóname si he sido una imbecil.
Me he c…

Llegaste justo a tiempo, vaquero.

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Debo ser coleccionista de cortas y apasionantes historias, tan cargadas de emociones que resumo en “magia”. Esta historia unió dos escuelas filosóficas muy distintas; la vitalista y la escéptica.
Unidas por un beso.
El tiempo se está agotando y pasarán quizás años hasta que volvamos a vernos. Pero no olvidaré este relato, tan especial y surrealista, tan jodidamente mágico.   Te haces el duro, mas  me echarás de menos, vaquero. Cuando pases por esa curva donde nos dimos nuestro primer beso, saborees un kinder bueno (como el que me trajiste aquella noche lloviendo), y recuerdes en el pecho mi risa, con mis abrazos y mis te quieros. 








Sueños negros: bulimia retorcida.

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Camino en dirección a la cocina, abro un estante y cojo un brownie.
Ante el espejo del baño, le doy un mordisco y clavo la mirada en mi expresión de horror.  Sabor a muerte. Mis dientes se tiñeron de negro y comenzaron a caer como pétalos.  Entonces sentí un dolor en el estómago y vomité sobre el lavabo: insectos, gusanos, saltamontes, ciempiés y lombrices mezclados con bilis negra.  Bajé la vista y observé con furor el brownie, incompleto por mi mordisco y putrefacto, con virutas de gusanos blancos que excavaron mi piel como dolorosas agujas. 
Me desperté.
A día de hoy, no he vuelto a probar bocado.


Beksinski nunca le puso título a sus obras.

Sueños negros

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Escuché cuervos volar tras de mí. Giré la mirada hacia su dirección, cuando la tierra comenzó a temblar.
Los pinos comenzaron a caer uno tras otro.  Tuve un muy mal presentimiento, así que cerré los ojos y me abrazé.  Unos segundos después, alzé la mirada y..  Joder.  Era mi madre. Personificada en Saturno a punto de devorarme.




“Saturno devorando a un hijo”.
Pinturas Negras, Goya.